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sábado, 18 de septiembre de 2010

Entre la la musica y la historia 1: Sexta Virgada

Creo que a Fernando no le veía desde el incidente aquel en Sacapulas, cuando, por poquito, teminamos siendo el churrasco de la tarde. Luego de la sesión de conferencias del jueves 2 de septiembre, el supraescrito nos invitó a escuchar a una banda local que tocaba en un antro, ya antes visitado, en la siempre hospitalaria Santa Tecla. Estos músicos alegres e irreverentes, que responden al nombre de "Sexta Virgada" (fotografías al inicio del post), resultaron ser todo un espectáculo musical, con un manejo de público interesante y un estilo que puedo definir como un híbrido del NuMetal californiano con el rock de camioneros argentino y un toque indiscutiblemente guanaco. Salí de aquel bar apestando a cigarrillo y con un agradable retorno de la memoria a los días del Rock de Montaña en Guatemala, del tiempo cuando las bandas nacionales creaban obras de arte con sentido social... 

En contraposición, la noche del sábado, en compañía de Félix y Edgar (procedentes de la república del águila y la serpiente), contando con la acostumbrada guía de los Tlatoanis de Santa Tecla: Raúl y Crespín, llevamos a cabo un recorrido por las renovadas calles peatonales del Centro Histórico, deliberando acerca del heredero de los Habsburgo, un tal Maximiliano que, según fuentes bien informadas, no murió fusilado en México y reapareció en tierras salvadoreñas bajo el pseudónimo de Justo Armas, charla que luego tornó hacia las frutas deshidratadas y la manera de cantar el idioma español de los visitantes mexicanos.


Y de nuevo, la visita al vecino del oriente, resultó ser una jornada histórica, llena de pupusas, música, mareros, busetas, arte rupestre, dialectos, caminatas....

Las fotos  tercera y cuarta corresponden, en su orden, a una de las iglesias más antiguas de Santa Tecla, misma que tiene los días contados ante la falta de visión de la parroquia y las autoridades locales; la siguiente presenta al señor Ismael Crespín, en el kiosko de su pequeña ciudad.

Salú..

lunes, 3 de agosto de 2009

Calles Tecleñas




Del comienzo de recorrido del fin de semana último por El Salvador extraigo estas imágenes de las calles de Santa Tecla, donde cortésmente fuimos guiados por Raúl, quien nos deleitó con una verdadera cátedra de la historia de estos barrios llenos de Art Novo, donde los edificios más imponentes han sido restaurados e iluminados dándole nuevos bríos a esta ciudad.
La urbanización, según comentaba nuestro amigo, partió de la idea de edificar una nueva ciudad que cubriera las necesidades de traslado generadas por los constantes terremotos sufridos en la capital, acto para el cual se instaló un trazo de parrilla en la finca Santa Tecla al cual se le denominó como Nueva San Salvador sin que el nombre cuajara en la conciencia local que siguió llamando al asentamiento humano con el nombre de la finca cafetalera que antecedía la obra de hormigón.
Actualmente esta zona alberga una buena parte de la población de abasto de la Capital e incluye colonias nuevas que rodean el casco histórico en el cual existe toda una dinámica comercial y social que le otorga a los tecleños una identidad propia dentro de la nación más pequeña de América Central. Entre sus íconos, las imágenes del post aluden a dos construcciones del siglo XX: El quiosco de uno de los parques gemelos del centro y el edificio de la gobernación que actualmente alberga un centro cultural y un café que permiten vivir a pleno una pieza única en la arquitectura salvadoreña. Esta caminata nocturna ha quedado bordada en el güipil centroamericano de la memoria, en mis recuerdos más gratos de los viajes últimos más allá de la frontera en el levante.


Al Poniente del Cuzcatán

La noche guanaca se teje comúnmente de risas, es que más cálido recibimiento que el salvadoreño es imposible encontrar al viajar por los rincones de esta América Media. Esa noche de sábado, tras la odisea que fue llegar a Santa Tecla debido al craso error de abordar un bus de "la chucha" en lugar de viajar transbordando como lo hacemos regularmente, fuimos Jorge y yo recibidos por Raúl y Marielba, compañeros de la andanza arqueológica en estos territorios ubicados al sur de México, quienes nos llevaron a recorrer las calles de la Nueva San Salvador: los parques tecleños, el edificio de la gobernación de aquella acogedora ciudad y, al final del recorrido, una Píljener en el barcito denominado con el título de la obra magna de Cortázar. Ahí, en "La Rayuela" comenzó un viaje de tres días por el occidente del antiguo reino del Cuzcatán, un trayecto para compartir anécdotas de investigaciones, recuerdos de los viajes épicos de Raúl y míos por tierras costarricenses, chambrosadas de la Mariayerba, explicaciones llenas de datos nuevos versadas por Jorge y un cúmulo de nuevas experiencias para rememorar en próximos encuentros, recuerdos de este nuevo camino tejido en la ruta de las Flores, en Cihuatán y, por supuesto, en la Puerta de Entrada a Guanacópolis: la elegante Santa Tecla.