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viernes, 7 de julio de 2017

Contando el tiempo



Once años atrás, no recuerdo en realidad con quién estaba hablando, tuve que explicar que a los amigos no se les pide explicaciones, se les quiere, se les respeta la distancia y el silencio, se los extraña y se guarda la esperanza de volver a verlos pronto y bien… el tiempo llega.

Fue la semana última cuando el tiempo dijo que el presente era bueno y tocó recorrer la mayor distancia que jamás había cubierto en un solo día. Tras el primer cuarto del itinerario (el que avance solo) llegué a la ciudad y me encontré de nuevo con Óscar, en cuya compañía y la de su familia optamos por el rumbo de la CA-9 (ahora nombrada como Calzada Jacobo Árbenz Guzmán) y nos dirigimos hacia Petén. El encuentro fue cotidiano, como si el tiempo no hubiese decidido interponer espacio entre dos hermanos que siempre han estado ligados por la memoria, la carretera y el deleite del panorama guatemalteco. Así que un acontecimiento del todo inesperado fue recibir la llamada de mi amigo, invitándome a acompañarle a la Reserva de la Biósfera Maya. ¡Otra vez un microbusito, fiambre musical y mucha historia!


500 kilómetros y 45 más al día siguiente llevaron nuestros pies de nuevo a Tikal, ciudad que también es hermana, que permaneció inmutable en espera de nuestro regreso y que nos recibió sin reclamos, con toda su gallardía. Recorrido perfecto por cada edificio de la antigua urbe que alcanzamos a ver con la luz del día, terminando en el templo IV, donde llegó el momento de guardar la cámara y llenar el alma de energía con todo aquello que desde la cima  de aquel monumento gigantesco llenaba nuestros ojos.




El paseo hubo sido de esos memorables, para consignar en este güipil-blog que hace rato permanecía sin actualizarse. Fue como volver a la niñez: la energía alcanzó para encaramarnos a todos los edificios y para recuperar la capacidad del asombro de los años mozos. Muchos espacios los había olvidado, otros, como el Palacio de las Acanaladuras y la Plaza de los 7 Templos, me parecieron fascinantes complejos arquitectónicos que seguramente sirvieron de modelo a ciudades grandiosas del área Puuc algunos siglos después. Y con el viaje recordé que en acá  fue donde, hace diez y ocho años y tres meses, comenzó todo este asunto de la arqueología que ahora es mi alimento y mi aire.

Cuatro días en ruta. Sin temor a equivocarme puedo decir que fueron en la compañía idónea y en el momento preciso; que el tiempo trascurrido desde los viajes de la década pasada hasta este nuevo trayecto ha sido bueno y que los lazos de hermandad construidos en la carretera son imposibles de romper, son en extremo sólidos y bien dispuestos, como los bloques de caliza que forman cada una de las estructuras desde las que contemplamos la selva en esa recién concluida jornada.


lunes, 29 de octubre de 2012

Sierra adentro: Joyas históricas de los Cuchumatanes

Parte Primera

Desde el pie de la Sierra partimos. Este recorrido lo habré hecho decenas de veces para encontrarme con la historia y, ahora que es recuerdo, lo inicio allí, en el valle del río San Juan, en el arranque de las montañas más imponentes de Guatemala: Los Cuchumatanes. 
Este es Chalchitán, un sitio con mil ochocientos años de historia ininterrumpida, con evidencias arqueológicas que datan del Clásico Temprano. El territorio que ocupa es una planicie aluvial impresionante, aprovechado para el cultivo, de maíz en origen y de cebolla después, que floreció en conjunto con sus productores gracias a la instalación de un sistema de canales que datan, por lo menos, de 1,000 años atrás. Estas acequias prehispánicas transportan el líquido desde el caudal que nace entre las piedras que corresponde al río San Juan, el afluente más conocido y visitado de la cuenca alta del río Chixoy y permitieron contar con abasto para una sociedad productiva, llena de relaciones comerciales identificadas a partir de restos de cerámica, hallazgos de jade y construcciones que refieren un patrón de asentamiento similar al de Kaminaljuyú: Montículos alineados, construcciones de barro estucadas y todo su universo girando alrededor del agua.  


En la fotografía de arriba, se perciben los cultivos de ajo y cebolla actuales desde la cima de uno de los montículos prehispánicos que forman parte del paisaje urbano actual del municipio y sitio arqueológico de Chalchitán.


El viaje continúa para adentrarse en la Sierra, treinta minutos después (siempre, sin error en el tiempo) aparece Chiantla, el corazón de la metalurgia guatemalteca, pequeña ciudad de ascendencia hispana donde se procesa el bronce y donde alguna vez también se trabajó la plata, misma con la cual se fabricaron las vestiduras de la Virgen de Candelaria. Esta imagen que acompaña el texto corresponde a la torre del reloj del siglo XIX, que guarda el mismo estilo constructivo de la torre que se ubica en Momostenango, prueba del desarrollo del partido de Huehuetenango, al cual pertenecían ambos municipios, durante los primeros años de la época independiente.

Aún con el gusto y mis labores en el campo de lo prehispánico, este poblado pequeñito es el paraje que más fascinación me causa en todo el territorio de los Cuchumatanes, por su vida tranquila y su naturaleza artesana de celajes que enmarcan las montañas.

domingo, 14 de octubre de 2012

Los caminos del agua 1: y tanto va el cántaro...

Estas dos imágenes corresponden al acueducto de Tejutla, una de las obras de finales de la Época Hispánica más imponentes del altiplano marquense. Este sistema de arquería de medio punto construido de mampostería, piedra y ladrillo puede observarse en una serie de vestigios a lo largo del "camino del agua" y se encuentra en grave riesgo de desaparecer. 
La importancia de esta obra de la ingeniería de finales del siglo XVIII radica en la calidad de construcción que soportó la embestida de la tierra provocada por el nacimiento del volcán Santiaguito, hecho geográfico que cambió por completo la configuración del paisaje de San Marcos y Quetzaltenango, causando, entre otros estragos, la ruina de la antigua iglesia de San Pedro Apóstol en San Pedro Sacatepéquez y los daños irreversibles al Cuartel de San Marcos que terminó demolido a principios de los años 80s. 


Los datos históricos del acueducto son escasos, su fecha exacta de construcción es incierta y su utilidad para la población se infiere pero no cuenta con registros escritos, es menester de arqueólogos e historiadores resolver sus enigmas. A través de la referencia visual muestro, en la fotografía de la parte superior, uno de los arcos menores que permitían el traslado de liquido hacia la población (corresponde al tramo medio) y, en la foto inferior, se observa el mismo acueducto a su paso por el sector de Los Arcos en jurisdicción de la  aldea Esquipulas. Los daños en cada uno de los sectores se van desde los desprendimientos de tierra en el camino del agua, pasando por la nula actividad de consolidación y conservación hasta la destrucción sistemática por parte de una familia de pobladores que viven literalmente al pie del sistema de arcos, empleando dos de éstos como muros exteriores de su vivienda y colocando todo tipo de elementos intrusivos en los muros de mampostería. Pero el mayor de sus detractores es la indiferencia de la población local y de la autoridad municipal aunando a la ausencia de representantes del Departamento de Monumentos Prehispánicos y Coloniales de la Dirección del Patrimonio Cultural que, con sus omisos (los de todos estos sectores) están dejando que esta edificación tan resistente sucumba ante la mano de los habitantes y la fuerza de una naturaleza deteriorada por la misma mano. 
  

Y vuelta a lo mismo, para los marquenses y, en especial medida, para los vecinos tejutlecos, debe convertirse en una necesidad preservar este monumento pues la construcción de la identidad local está basada en su patrimonio histórico y cultural, esperaría que en algún momento, podamos integrarnos de manera que cada uno, desde su especialidad, pongamos nuestro empeño en hacer algo trascendente en ese espacio donde algunos vivimos donde otros crecieron y al que todos los aludidos le guardamos un cariño entrañable... entonces, insisto: ¿Qué hacemos?


martes, 11 de octubre de 2011

Octubre en el pueblo del Quiché

A partir de esta entrada, en el güipil diacrónico de la memoria estaré dejando algunos recorridos de fotografía con fines documentales, allende la narrativa acompañada de imágenes que ha sido empleada hasta la fecha. Este primer esbozo corresponde al viaje, efectuado con los estudiantes de arqueología y antropología de la Escuela de Historia, a principios de octubre de 2011.

Las primeras tres imágenes corresponden al templo de Santo Domingo en Sacapulas: campanario, campana y atrio. 







a partir de la cuarta foto, un recorrido entre los edificios y el bosque de pinos cincuentenarios de Q'umarkaaj: Plaza Mayor del sitio, patio para Juego de Pelota y una serie de hongos, líquenes y flor.






En el pueblo del Quiché, octubre de 2011.

Arqueología, cordilleras y río crecido

La cámara la dejé en el autobús durante la primera etapa del viaje para evitar daños por la lluvia, así que las fotos de Chu'Taxtyoox, cubierto por una vegetación espesa, quedaron pendientes. El recorrido por Sacapulas a medio día con los arqueólogos y antropólogos de la Escuela de Historia fue acompañado de una llovizna que refrescó el ambiente y de una tertulia en el camino que terminó provocando que extraviara el sendero, entrando entonces a la Acrópolis por las estructuras superiores, específicamente por la cara posterior del templo mayor. Ya en el sitio observamos las edificaciones, los altares para la celebración de costumbre y los efectos positivos y negativos que ha traído consigo la actividad de los arqueólogos en la zona.

Chu'Taxtyoox se mantiene al resguardo, tanto por la vegetación como por una comunidad que se preocupa por la salvaguarda de sus recursos, enfatizando en su negativa hacia la actividad minera y de generación hidroeléctrica que, en esta parte del recorrido del imponente Chixoy, habría de convertirse en una trampa mortal par los pobladores del "puerto cálido del altiplano". Las estructuras conservan parte de sus estucos, las áreas excavadas por los arqueólogos son invisibles entre la maleza, los muros de la Acrópolis, de las terrazas y del patio para juego de pelota, aparecen ante la vista hasta que ya están a menos de medio metro de distancia y la gente de Chicoxoy y Xe'Tz'ajel, siempre pregunta por nuestros motivos de visitar "la ruina". La ciudad prehispánica aguarda, sin ninguna premura, por revelar sus maravillas al mundo.


A eso de las cuatro de la tarde, tras descender de las estructuras prehispánicas, la comitiva se reunió al pie del puente antiguo (ahora puente bailey) para el almuerzo y luego se dirigió hacia la iglesia de Santo Domingo, obra del siglo XVII que también sufrió la embestida de los "restauradores", que la tapizaron de cemento y cal en la fachada y le dejaron una cuantiad de filtraciones de humedad que no tenía previo a tal maltrato.

Al término de la visita, Ángel, un compañero de los primeros años de la universidad, quien nació, reside y trabaja en Sacapulas nos acompañó al campanario donde se conservan tres obras de arte metalúrgico de la Época Hispánica, conservadas en excelentes condiciones y que aún llaman con su tañido par que la gente del Tujaal se levante.
 

En el cerro de las cañas podridas

Una visita más a la Cordillera Central de Guatemala. De nuevo realizamos con Yvonne y ahora (después de tanto y tanto) con Marlen  un recorrido, con fines educativos, a los sitios arqueológicos Chu'Taxtyoox (Sacapulas) y Q'umarkaaj (Santa Cruz del Quiché) en compañía del grupo de estudiantes de Arqueología de Tierras Altas y Textos Indígenas de la Escuela de Historia.

Esta vez, parte de los objetivos del segundo día de trabajo era conocer los trabajos de restauración del patio para juego de pelota de Q'umarkaaj y la remodelación de la sala de sitio, situación que dejó en claro que, en todo oficio, aplica aquel adagio popular de "zapatero a tus zapatos". Prácticamente, las estructuras que conforman el juego de pelota fueron reconstruidas, aplicando cantidades innecesarias de concreto rebajado con tierra y empleando métodos poco adecuados para un sitio arqueológico que se conserva, aún con la humedad y el flujo de visitantes, en buenas condiciones. Esta "obra de infraestructura recreada en la plaza mayor del asentamiento prehispánico pone en evidencia la engorrosa situación de compadrazgo y malos manejos administrativos por parte de las autoridades estatales del Patrimonio Cultural, quienes, en vez de contratar arqueólogos conocedores del área y que han trabajado recientemente en el departamento de Quiché, llevaron a un grupo de investigadores especializados en arqueología de Tierras Bajas (y no es adecuado confundir el cebo con la manteca) ha un área de la cual tenían escaso conocimiento. Los trabajos de reconstrucción de estas estructuras, de acá en adelante, servirán para seguir confundiendo a los ya mal informados visitantes de la otrora ciudad principal del K'iche' Winak.


De la sala de exposiciones (que museo no es) remodelada en su totalidad, sobresale el espacio dedicado a la maqueta de sitio con sus reconstrucciones hipotéticas digitales (impresas en vinil de baja resolución), único espacio que contempla aspectos relativos al sitio arqueológico y que trasciende ante el resto de la exposición que más es una oda al plagio de documentos (pues no hay una sola cita textual en toda la sala) y que, encima, presenta resultados que han sido aplicados a la arqueología Maya de las Tierras Bajas y no al contexto de Q'umarkaaj.


Rescatable en esta incursión a la antigua metrópoli k'iche', el bues estado de los senderos y la presencia notoria de los pobladores locales que participan de la celebración de costumbre y de la sana recreación de fin de semana, así también, la convivencia entre investigadores, estudiantes y amigos que, de alguna manera, seguimos formándonos para no repetir los desastres que, a la fecha, siguen repitiéndose.

jueves, 3 de marzo de 2011

El Michatoya y la historia de nunca terminar...


Tengo memoria de haber visto el río Michatoya alguna vez cuando visitabamos Amatitlán con mi familia en la década de 1980, verde y contaminado al igual que el lago, pero aún con esperanzas de salir de tan triste condición. Veintipico años después fui convidado a visitar la cuenca baja del afluente en un recorrido por los vestigios de Patrimonio Industrial de la antigua hidroeléctrica de Palín, donde se observaba una más de las escenas del filme apocalíptico que responde al título de "Lo que Agatha se llevó".

En la compañia de Juancho (quien dirige la invetigación) y Rubén (quien asesora el proceso), efectuamos un recorrido por las instalaciones de las bodegas de la hidroeléctrica y bajamos por la escalinata paralela a las tuberías de presión que alimentaban la Casa de Máquinas a imediaciones del embalse (estructura de la que sólo quedó el recuerdo). La pestilencia de las aguas del Michatoya era insoportable, apenas aguantamos lo suficiente para observar los restos de los muros de contención para empresado del agua y de la tubería de hierro, único efecto en pie tras el paso de la tormenta.

En esta situación es trágico observar como la naturaleza tiende a destruir los avances de la industrialización, pero más deprimente es dar cuenta de los desastres que causa la gente, pues el caudal de citado afluente es caso perdido y, de seguro, sus aguas llenas de vertido fabriles, coprolitos y fosfatos, alimentan plantaciones y ganado río abajo, creando un cíclo de vida que, tristemente, encuentra su último eslabón en el consumo humano de alimentos contaminados.

...Así las cosas.

jueves, 27 de enero de 2011

Del pueblo de Quiché: Posclásico y presente

En el recorrido del aún cercano diciembre de 2010, la expedición culminó en el bien nombrado "puerto cálido del altiplano". Así que, de nuevo, la aventura de explorar el pasado nos llevó a Chu´Taxtyoox, el corazón del Lamq'ib Amaq' (señorío sakapulteko del sur). Y debo mencionar que en el recorrido fotográfico de esta noche, la memoria me juega una buena pasada y evoca las andanzas del 2002 cuando, exactamente ocho años atrás, de la mano con el equipo de investigaciones del proyecto arqueológico de Sacapulas trazamos los primeros bosquejos del plano del sitio y realizamos las primeras excavaciones de nuestra vida y las primeras en el sitio tras cincuenta y siete años de permanecer inalterado.

Abrirse camino por la vegetación de pastizal y espinos, reencontrarse con los terraplenes de la Acrópolis, alcanzar la sima de la estructura principal y comenzar a recordar que esta ciudadela, bordeada por el Chixoy, era un enclave importante para el control de entrada y salida de las áreas productivas, así como un centro rector estratégicamente posicionado a partir de cálculos astronómicos, constituido como un eje de convergencia de los puntos cardinales señalados por altares naturales aún empleados por los Aj' K'ij durante la celebración de la Costumbre... y así se va la mañana con la tertulia académica, la caminata entre las estructuras y la visita al patio del juego de pelota, con el agrado de observar que el sitio sigue en condiciones aceptables, al resguardo de una comunidad que protege su patrimonio de los intereses industriales, siempre amenazado éste por la minería y la construcción de hidroeléctricas, siempre atentos ellos a la llegada de visitantes a quienes preguntan sus intenciones antes de permitirles el paso y, como ha sido desde el comienzo, gracias al acompañamiento de Don Chus, seguimos teniendo el privilegio de caminar por los senderos del pasado sakapulteko.
 El día previo, horas antes de la visita a Canillá, fue imperativo caminar entre los vestigios de Q'umarkaaj, antigua capital del K'iche' Winaq', donde Yvonne describió los rasgos escondidos bajo la grama, rasgos que incluyen una gran cantidad de estructuras habitacionales descubiertas durante las excavaciones del último lustro, que denotan la densidad de población de este sitio durante el período Posclásico Tardío, cuando los rectores de este asentamiento compartían el dominio de las Tierras Altas con Kaqchikeles Mames y Tz'utujiles.  
Las imágenes adjuntas me permiten describir las incidencias del viaje: en principio, la fotografía de arriba presenta al grupo de estudiantes y aqueólogos que intentaron cruzar el Chixoy, fracaso absoluto debido al caudal de aquella mañana y que, como un consuelo, se decidieron por tomar esta fotografía con el sitio arqueológico y el río de fondo; y al final, en la fotografía de abajo, se presentan a contraluz las estructuras del grupo principal de Q'umarkaaj, destacando los remanentes del Templo Tohil, frente al cual varios Aj' Kij' levantan su plegaria con el fuego sagrado que extiende sus brazos de humo para alzarse hacia el infinito espacio celeste, entre edificios del Posclásico y pinos del presente que, entre ambos, deleitan la memoria.

martes, 18 de enero de 2011

Del pueblo de Quiché: Los Cerritos-Chijoj

¡Promesas que terminan por cumplirse! Tras varios años de auxiliatura y gustoso acompañamiento en el curso de Tierras Altas, por fin, en los primeros días de diciembre de 2010, con un grupo de estudiantes renovado y algunos amigos de la vieja guardia, llegaron mis botas hasta los sitios arqueológicos de Canillá y Sajcabajá. Yvonne fijó las coordenadas para el comienzo del viaje en el centro y sureste de Quiché y, siguiendo la semblanza diacrónica, acá presento algunas memorias de la tercera parte del primer día de recorrido. 
 El sitio de las fotografías adjuntas es conocido como Los Cerritos-Chijoj, nombre compuesto por su localización en el límite de los caseríos así llamdos, enclavados en el valle de Canillá. Este asentamiento prehispánico es una de las grandes urbes del Epiclásico ( + 850 - 1100 d.C.), y presenta una serie de estructuras, restauradas por la mismión francesa, que incluyen templos, un imponente patio para juego de pelota (infra), un marcador de piedra (supra) y otros elementos.
Tanto en el ámbito de la investigación, como en el sector turístico, este sitio ha quedado relegado a las últimas casillas (como cualquier otro de las Tierras Altas). Escondido a la sombra de los grandes templos de Petén y de los proyectos, ahora de moda, que buscan establecer los sitios más antiguos de Mesoamérica (en el afán de agenciarse de fondos para enraizarse en un quehacer técnico, cada vez menos decoroso), los Cerritos-Chijoj es uno de los remanentes más importantes de los grupos que habitaron las serranías en tiempos previos al auge de los señoríos posclásicos, que observándose de conjunto con  Xa'lchuun, Sacapulas y Chukmuk,Atitlán, además de los sitios de la Cultura Cotzumalguapa, denotan una serie de rutas comerciales importantísimas que resaltan un desarrollo independiente en gran medida de los centros rectores del Clásico del Altiplano Central Mexicano y las Tierras Bajas que, dicho sea de paso, para el año 1,000 d.C., se encontraban ya abandonados o en etapas decadentes. Tales rutas permitieron la mixtura de estilos escultóricos y arquitectónicos disgregados por toda la cuenca del Río Negro y que enlazaron, según evidencias cerámicas y rupestres, con los centros rectores de las tierras del sur.

De este recorrido también debo rescatar la persistencia del grupo de viajantes que, aún sabiendo la trampa de camino que habriamos de sortear en el retorno hacia Santa Cruz, recorrieron la zona arqueológica entrada ya la noche en la cual se dejó ver, además de las estructuras, la emoción y el agrado con el cual los anfitriones (supervisores y trabajadores regionales de arqueología de Canillá) atendieron la comisión, guiando nuestro andar entre la oscurana y poniendo a nuestra dispocisión, inclusive, las luces altas de sus motocicletas con tal que las fotos salieran bien.

lunes, 17 de enero de 2011

Celeste...

Luna llena al atardecer, 21-12-2010, en una calle de la zona 2. Foto: G.Chocano.
 Esta fue la luna llena del atardecer del 21 de diciembre, día del solsticio de invierno, horas antes del eclipse total. Y, aun cuando es imposible captar todo el dejo sublime de tales acontecimientos celestes, la imagen es una forma de decir que aquel atardecer y la subsecuente madrugada, fueron una suerte de bendición en el sentido que las nubes cedieron su espacio para permitir que el montón de lunáticos que a cada rato miramos para arriba nos entretuviéramos un buen rato.
Y también esa noche ha traído a la mente las temporadas de campo y de mapeo en Sacapulas pues, en la antigua Chu'Taxtyoox, dejamos como una promesa postergada las visitas al filo de la penumbra para observar desde los templos el recorrido de la luna y el sol que, con toda seguridad, planteó los lineamientos a seguir por los urbanistas del Posclásico Tardío...
Ocaso de un día de noviembre en San Juan Sacatepéquez, Guatemala. Foto: G.Chocano.
Así, desde mediados de noviembre, cuando al fin cedió la lluvia amarga del año anterior, observar el cielo se convirtió en un deleite (o una forma cursi de perder el tiempo), imaginando que, en el ocaso de la tarde, se ve reflejado también el fin de los tiempos todos, como presagio apocalíptico de la delicada situación actual que contrasta (igual que cielo, luna, sol, árboles, nubes y cables) con el esplendor del paso de cada una de estas pequeñas eras que nacen y mueren cada día.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Cerrado el blog de Chukmuk

A quienes en algún momento se dieron una vuelta por el blog chukmukarqueologia.blogspot.com, el cual estaba en construcción, les comunico que hemos decidido cerrar dicho espacio debido al cambio de políticas en la admisntración de dicho sitio arqueológico, donde el trabajo comunitario está siendo mensopreciado al igual que la preservación de evidencias del pasado, priorizando la estética urbana sobre la recuperación y manejo sostenible de los recursos culturales. Como ejemplo, la imagen adjunta muestra la peña de la pintura rupestre, muestra única en la Cuenca de Atitlán, la cual se encuentra en alto riesgo debido a la construcción de una planta de tratamiento de aguas servidas.

De igual manera, los informes que serían colocados en el espacio destinado a la Bilblioteca Chukmuk, serán colocados en el Guipil de Arqueología Terraltense (link en la columna lateral) a partir de su próxima actualización.

Este post tiene carácter informativo y será eliminado en un par de días. 

viernes, 8 de enero de 2010

Pampojilá




Una inspección en busca de áreas turísticas en San Lucas Tolimán, esa era la encomienda de finales del año pasado. Los recorridos me llevaron por una serie de fincas cafetaleras, parajes a orillas del lago de Atitlán, calles donde se observan restos del siglo XIX y comunidades cercanas a la ruta que conduce de Patulul hacia Godínez.
Al inicio era menester hallar sitios arqueológicos prehispánicos con el objeto de contar con áreas que pudiesen competir con Chukmuk (Santiago Atitlán) en cuanto a la atracción hacia San Lucas de la porción de viajantes que andan tras los vestigios ancestrales de la Cultura Maya. Dicho interés fue discipándose al cabo de una semana, tornándose de mayor relevancia todo el Patrimonio de la Época Republicana asociado a la producción del oro rojo que, después de un largo proceso agroindustrial, usted bebe durante las tardes de lectura en su casa...
Entre aquella infraestructura de beneficios, casas patronales y sistemas hidráulicos, visitamos una comunidad agraria, surjida de forma paralela y vinculada también al proceso del café, misma que responde al nombre de Pampojilá: esta colonia es uno de esos parajes que guardan una extraña mezcla entre lo urbano y lo rural, con trazo de calles ordenadas y de entorno amable que van perdiéndose entre el cafetal y la niebla que por la tarde cubre las faldas del volcán que lleva también el apellido del municipio.
Esta villa desarrollada a finales del período del conflicto armado interno con el apoyo de la Parroquia, alberga a un buen número de artesanos, a los labriegos del café que se produce con el sello de "comunitario" y algunos vestigios de lo prehispánico entremezclado con el imaginario colectivo adoptado a partir del siglo XVI, así como una iglesia de características muy particulares, carente de la fastuosidad hispánica, magna obra de la arquitectura de los años 80s del siglo pasado embellecida con un campanario único en aquellas regiones de la bocacosta que, en realidad fue el principal motivo por el cual me detube en aquel punto de la carretera y regresé acompñado de Wilson y Walter (promotores locales), días después, para justificar la inclusión de Pampojilá en la propuesta de destinos turísticos que debía entregar al término de la gira.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Presentando el Güipil de la Arqueología Terraltense


Un nuevo espacio abre sus ventanas para compartir un poco de las asombrosas evidencias arqueológicas de Guatemala y del resto de Centroamérica. Este blog intenta difundir trabajos arqueológicos que carecen a la fecha de medios de publicación, reseñas de articulos relativos a la materia, fotografías, comentarios y trabajos de estudiantes de arqueología, de profesionales comprometidos con una ciencia humana.

Para visitarlo dejo el link Güipil de la Arqueología Terraltense o pueden entrar mediante los enlaces en la columna inferiror a la derecha.

viernes, 16 de octubre de 2009

Hispánico y chimalteco... con un toque familiar


Esta tubería de ladrillos alargados se localiza en Chimaltenango, en las cercanías de la ruta que conduce desde este poblado hacia Los Aposentos, a San Andrés Itzapa, a Parramos...
Hace poco menos de tres semanas, tío Mario Roberto y sus compañeros de trabajo en el COCODE localizaron el hallazgo mientras preparaban el terreno de la Alameda para iniciar el proceso de reforestación del sector que, meses atrás, hubo de ser talado por ordenes municipales amparadas en la excusa de que los árboles eran muy viejos.
Los vestigios resultaron en gran medida interesantes. Al principio pensé que se trataba de una tubería de drenaje de no más de 50 años, pero, al recolectar algunas muestras del tipo de ladrillo empleado y e la argamasa elaborada a base de cal y arena, mismas que luego llevé al IDAEH para que Yvonne las analizara - a ojo de buen cubero  -, se aclaró el panorama, resultando que el cilindro, durante su vida útil en la Época de Dominación Hispánica, era parte de un sistema hidraúlico, quizá un acueduto, que seguía el rumbo que hoy lleva la Alameda.
En el plano personal, la investigación de este rasgo arquitectónico será, además de una puerta abierta en el campo de la mal llamada arqueología colonial, una experiencia peculiar a razón de efectuar un trabajo de la mano con mi tío y la demás gente de su comunidad.  

jueves, 15 de octubre de 2009

De esos lugares a los que siempre vuelvo

Los viajes que comienzan cada vez que Jorge regresa a Guatemala dejan siempre alguna historia que contar, principalmente cuando el recorrido nos adentra en los sitios arqueológicos de las Tierras Altas y del occidente de El Salvador.

Iximche se presentó como la opción a visitar a mediados del año pasado. Desde el inicio, la visita al museo de sitio generó un diálogo coloquial con respecto de los elementos mexicanos previos a la conquista que se presentan como parte del inventario de vestigios de la fortificación Kaqchikel. Luego recorrimos las estructuras de los grupos principales en donde Jorge tomó  como cincuenta fotos con un rollo de treinta y seis exposiciones, mismas que se velaron (o simplemente no salieron) y la tarea hubo de sacarla mi (ahora jubilada) cámara Samsung de 3.5mpx -place comercial here-...
La imaginación vuela desde el ingreso en el Tinamit amurallado, la caballería de Alvardo se abría paso con dificultad en aquel tejido de callejones estrechos en aquel inmerecido recibimiento tras las conquistas efectuadas en territorio K'iche', precursoras de una alianza que terminaría con premura a raiz de los incontables abusos del Tonatiuh... luego la ciudad prendida en fuego y al abandono.
Sin duda aquel diálogo de agosto de 2008 revivió un poco de la historia de Iximche, así pasa cuando voy acompañado. Otras veces,  voy únicamente a quedarme absorto por el paisaje, a contemplar el paso del tiempo, a recargar baterías con el aire frío de Tecpán, a maravillarme del ingenio humano que llevó a edificar todos aquellos templos y palacios en apenas cinco décadas...

                                               ... Y siempre vuelvo.   

Presentando la milenaria ciudad de Chukmuk


En la margen sur del majestuoso lago de Atitlán se localiza una de las ciudades prehispánicas más impresionantes de las Tierras Altas de Guatemala. Esta urbe campesina conocida como Chukmuk, palabra que del idioma Tz'utujil se traduce como "sobre las gradas", es una de las más complejas muestras de interacción mesoamericana: un puente de enlace entre las montañas y la costa que en parte se viste con un huipil mixteco de formas geométricas plasmadas en su arquitectura posclásica... a ratos es también costera, con un dejo de Teotihuacan y Kaminakjuyu en los bordados de su cerámica... y adornada finalmente con el toque de la tela gris sobre la cual se yergue, la de sus bloques canteados, la de manos y piedras de moler que son muchas y de diversas formas.
La milenaria Chukmuk renace, vuelve a poblarse 450 años después de sus días de gloria, ahora para alvergar a los hombres y mujeres que cuentan la historia de la noche que llovió tristeza y desolación. Dispuestos a devolverle la grandeza a la ciudad de los ancestros, los Tz'utujiles comienzan el proceso de recontrucción y rememoran el pasado plasmándolo en imágenes que explican, a propios y extraños, la historia prehispánica vivida en este graderío de andesita y limo situado al pie del Toliman.

lunes, 31 de agosto de 2009

Del viaje del primero de agosto


Previo al evento de elección de la Rimial Tujaal, junto con Lencho y Jorge recorrimos el sitio arqueológico de Chu' Taxtyoox, del que en ocasiones anteriores he colocado algún post en este guipil dicrónico de la memoria. Durante esta visita pudimos apreciar una invocación (celebración de costumbre o ceremonia maya) efectuada en uno de los templos de la plaza superior de la Acrópolis del sitio, dejando en claro que este asentamiento únicamente cambió de actividad principal pero sigue en uso por los herederos del pueblo que lo construyó hace quinientos años.
El recorrido permitió que Jorge identificara algunos rasgos que había visto ya en sitios arqueológicos de su país y que confirmaron la presencia de rasgos mexicanos en este asentamiento. En el trascurso, la plática se volvió muy constructiva en cuanto a las posibilidades de generar algunas opciones de desarrollo laboral enfocadas en la protección de este remanente de la cultura sakapulteka.
De alguna manera, los tres caminantes de aquella jornada realizada al principio del mes encontramos un lazo fuerte del cual tirar en conjunto un lazo fortalecido con actividades cotidianas a las cuales Jorge y yo fuimos invitados a consecuencia de aquella plática... tanto que terminamos cargando tomates para la venta del día siguiente.

lunes, 6 de julio de 2009

Algo de la Arqueología de Sacapulas (segunda parte)


Algunos parajes del Altiplano se encuentran aún ocultos entre la maleza. Durante los primeros años de andar por el Tujaal Amaq, la casa de los Sakapultekos, William, Bernabé y Yo, guiados por Don Chus tuvimos el privilegio de conocer algunos de los sitios arqueológicos menores de la región. Cada uno cuenta con un encanto místico, tan sacro como Chu'Taxtyoox y con una historia grabada en la piedra y la cerámica que algún día espero publicar.
Particularmente, me causa una gran emoción visitar los dos puntos a los que refieren las fotografías, el primero en Xa'lpoqol, un asentamiento de tipo ceremonial, probablemente dedicado al culto de la muerte y vinculado a Chu'taxtyoox como el punto por donde escapa el Astro Rey en su viaje crepuscular que le lleva al inframundo. Su patio para juego de pelota no alberga espacio para público, es sólo un acontecer sagrado entre el jugador y sus dioses que le esperan al alba. Es un asentamiento prehispánico relativamente pequeño pero que no deja de sorprenderme.
La segunda imagen corresponde al "Altar 2", mismo que se ubica en el sitio Epiclásico de Xo'lchuun y constituye uno de los pocos monumentos tallados registrados a la fecha en el Altiplano Norte. Este emplazamiento se encuentra estratégicamente ubicado en el delta donde confluyen los ríos Blanco y Negro para conformar el majestuoso Chixoy. La piedra tallada cuenta con algunas bolutas que asemejan un Tzompantli y, en la parte superior, cuenta con algunas oquedades que permiten captar el agua de lluvia o la sangre que mana del cuerpo humano durante los sacrificios rituales.
He visitado estos dos lugares unas 10 veces en los últimos cinco años y no dejan de parecerme fascinantes aunque, respondiendo al comentario de Hanna, no es sólo el monte y las piedras lo que me lleva siempre de vuelta a Sacapulas: es también la calidez de mis amigos de aquel poblado y el sentimiento de que siempre hay algo por descubrir allá, tanto en el campo como en lo recóndito del alma.

viernes, 12 de junio de 2009

Algo de la Arqueología de Sacapulas (primera parte)




Quizá la experiencia prolongada más satisfactoria de mis últimos diez años (que de a poco van pesando) ha sido trabajar en Sacapulas, pueblo cálido, que tiene una mezcla única de pasado y presente. En esta región del Centro Oeste de Quiché se estableció una cantidad considerable de población durante la Época Prehispánica, probada mediante restos de plazas y edificios diseminados en las márgenes del Chixoy aunados a la densa cantidad de materiales cerámicos que permiten datar la ocupación para un período no menor a 1800 años considerando que, a la fecha, el lugar de los Tujales sigue formando uno de los ejes principales de la dinámica antrópica de aquellas tierras.

En cuanto a evidencia material, el sitio de mayor relevancia es Chu'Taxtyoox (imagen superior, captada durante los reconocimientos del año 2007). Este sitio fue edificado en la cima de una colina bastante escarpada y, por ende, de difícil acceso, debiendo caminar la mayoría de las veces abrumados por el calor del cual no se encuentra refugio entre el chaparral espinoso. En el emplazamiento se han identificado unos veinte edificios cuyas paredes se encuentran recubiertas con varias capas de estuco (en casos contados hemos recuperado fragmentos pintados del emplasto de cal). La arquitectura responde a estilos irradiados desde el Altiplano Central Mexicano, datados aproximadamente para el siglo XIII dC.

En Chu'Taxtyoox llevamos a cabo tres temporadas de campo formales, además de las visitas periódicas que, por lo menos hacen que lleguemos a la cumbre, hasta la cúspide del templo principal, como mínimo una vez por año. De cada visita hemos recabado una infinidad de experiencias, aprendiendo a llevar la vida al ritmo de la comunidad, acompañando la celebración de "costumbre", hablando algunas palabras en el idioma local, identificando los nombres de las especies vegetales que conforman el ecosistema y, entre otras cosas, encontrando el modo para entrelazar la investigación con la mística de una región que en cada persona guarda algo mágico, algo que siempre tiene que ver con aquellas ruinas, "iglesias viejas", como les llaman por allá.

Lo real se mezcla con la leyenda, lo contemporáneo con el pasado de siglos atrás y no pudiese ser de otra manera en el Puerto Cálido del Altiplano que a sus pies ve como nace el arcoiris cada que deja de llover.





sábado, 6 de junio de 2009

Un tanto subliminal


El tejido de una amistad pareciera elaborado con un hilo más resistente que el cáñamo y el andar es mucho más grato cuando la vida se comparte. Con William avanzamos por el rumbo de la Arqueología desde el 2002, cuando, por un relevo de última hora, él terminó integrado a la lista del Proyecto Arqueológico de Sacapulas, en la temporada de campo más sublime de las ya bastantes que cargamos en la memoria (hay un post anterior por ahí referente al mismo lugar y tiempo).
Entre tantos viajes, las dos imágenes de arriba refieren, la primera, a la penúltima temporada que William trabajó conmigo en Atitlán. Ese día andábamos de visita por Chutinamit, sitio Posclásico ubicado en las faldas del volcán San Pedro, un lugar donde las estructuras se ocultan tras el cafetal, resultando el día interesante gracias al descubrimiento de varios petrograbados que no estaban reportados aún. La segunda foto fue tomada por Sergio Cuyán en el puesto de doña Carmen y me trae buena estrella el recuerdo, tanto por el sabor de los chuchitos y el atol blanco de Sacapulas, como por la vivencia de aquel 2006, cuando quedó claro que William está casi tan falto de cordura como yo.