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domingo, 14 de octubre de 2012

Los caminos del agua 1: y tanto va el cántaro...

Estas dos imágenes corresponden al acueducto de Tejutla, una de las obras de finales de la Época Hispánica más imponentes del altiplano marquense. Este sistema de arquería de medio punto construido de mampostería, piedra y ladrillo puede observarse en una serie de vestigios a lo largo del "camino del agua" y se encuentra en grave riesgo de desaparecer. 
La importancia de esta obra de la ingeniería de finales del siglo XVIII radica en la calidad de construcción que soportó la embestida de la tierra provocada por el nacimiento del volcán Santiaguito, hecho geográfico que cambió por completo la configuración del paisaje de San Marcos y Quetzaltenango, causando, entre otros estragos, la ruina de la antigua iglesia de San Pedro Apóstol en San Pedro Sacatepéquez y los daños irreversibles al Cuartel de San Marcos que terminó demolido a principios de los años 80s. 


Los datos históricos del acueducto son escasos, su fecha exacta de construcción es incierta y su utilidad para la población se infiere pero no cuenta con registros escritos, es menester de arqueólogos e historiadores resolver sus enigmas. A través de la referencia visual muestro, en la fotografía de la parte superior, uno de los arcos menores que permitían el traslado de liquido hacia la población (corresponde al tramo medio) y, en la foto inferior, se observa el mismo acueducto a su paso por el sector de Los Arcos en jurisdicción de la  aldea Esquipulas. Los daños en cada uno de los sectores se van desde los desprendimientos de tierra en el camino del agua, pasando por la nula actividad de consolidación y conservación hasta la destrucción sistemática por parte de una familia de pobladores que viven literalmente al pie del sistema de arcos, empleando dos de éstos como muros exteriores de su vivienda y colocando todo tipo de elementos intrusivos en los muros de mampostería. Pero el mayor de sus detractores es la indiferencia de la población local y de la autoridad municipal aunando a la ausencia de representantes del Departamento de Monumentos Prehispánicos y Coloniales de la Dirección del Patrimonio Cultural que, con sus omisos (los de todos estos sectores) están dejando que esta edificación tan resistente sucumba ante la mano de los habitantes y la fuerza de una naturaleza deteriorada por la misma mano. 
  

Y vuelta a lo mismo, para los marquenses y, en especial medida, para los vecinos tejutlecos, debe convertirse en una necesidad preservar este monumento pues la construcción de la identidad local está basada en su patrimonio histórico y cultural, esperaría que en algún momento, podamos integrarnos de manera que cada uno, desde su especialidad, pongamos nuestro empeño en hacer algo trascendente en ese espacio donde algunos vivimos donde otros crecieron y al que todos los aludidos le guardamos un cariño entrañable... entonces, insisto: ¿Qué hacemos?


jueves, 7 de enero de 2010

Patrimonio de Tejutla


Entre nogales y manzanos, la Villa de Tejutla conserva, con mucha dificultad, elementos históricos plasmados en su arquitectura y trazo urbano que rememoran glorias pasadas. La torre del reloj, muy al estilo del período reformista (fotografías superiores) corona el centro del casco urbano que unifica de manera imperceptible las poblaciones de Santiago Tenango y Texutla, los dos barrios que surgierno a partir de la Época de Dominación Hispánica y que, posteriror al desastre causado por los retumbos del Cerro Quemado (Quetzaltenango) a mediados del siglo XVII se conviriteron en esta émerita población.
En las afueras del pueblo se encuentran los remanentes de un acueducto de arquería (fotografías inferiores), este vestigio, en viajes anteriores, lo había pasado inadvertido pues, de manera errónea, creía que "los arcos" se encontraban en Tacaná y sólo fue preguntando que la búsqueda de tal obra de ingeniería culminó con éxito en diciembre del año recién pasado, quedando ya la espinita clavada de querer investigar un poco de las razones que le dieron tanta grandeza al Curato de Texutla, el cual queda evidenciado en estas obras que sólo se edificaban en sitios que representaban un ingreso considerable para el erario o en pueblos estratégicos en la adminstración de las encomiendas.

De tal cuenta, fuentes como el Diccionario Geográfico de Guatemala (Francis Gall 1983. ed. IGN) presentan datos sueltos acerca de la existencia de tejedurías y trabajo en cuero. Asimismo, tanto en la fuente arriba citada, como en la página de la Asociación Tejutleca (www.asociaciontejutleca.es.tl) se menciona el trabajo de hilados y la presencia de cultivos de tuna, lo que hace pensar que la Encomienda local debió dedicarse de manera exitosa a la producción de grana, además de la siembra y procesamiento del trigo, actividad en la cual este municipio llegó a ocupar el segundo lugar en el ámbito nacional (ibíd. Asociación Tejutleca).
Espero regresar pronto a estos parajes para indagar un poco más acerca de  la historia que guarda el altiplano marquense.

viernes, 16 de octubre de 2009

Hispánico y chimalteco... con un toque familiar


Esta tubería de ladrillos alargados se localiza en Chimaltenango, en las cercanías de la ruta que conduce desde este poblado hacia Los Aposentos, a San Andrés Itzapa, a Parramos...
Hace poco menos de tres semanas, tío Mario Roberto y sus compañeros de trabajo en el COCODE localizaron el hallazgo mientras preparaban el terreno de la Alameda para iniciar el proceso de reforestación del sector que, meses atrás, hubo de ser talado por ordenes municipales amparadas en la excusa de que los árboles eran muy viejos.
Los vestigios resultaron en gran medida interesantes. Al principio pensé que se trataba de una tubería de drenaje de no más de 50 años, pero, al recolectar algunas muestras del tipo de ladrillo empleado y e la argamasa elaborada a base de cal y arena, mismas que luego llevé al IDAEH para que Yvonne las analizara - a ojo de buen cubero  -, se aclaró el panorama, resultando que el cilindro, durante su vida útil en la Época de Dominación Hispánica, era parte de un sistema hidraúlico, quizá un acueduto, que seguía el rumbo que hoy lleva la Alameda.
En el plano personal, la investigación de este rasgo arquitectónico será, además de una puerta abierta en el campo de la mal llamada arqueología colonial, una experiencia peculiar a razón de efectuar un trabajo de la mano con mi tío y la demás gente de su comunidad.