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jueves, 3 de marzo de 2011
El Michatoya y la historia de nunca terminar...
Tengo memoria de haber visto el río Michatoya alguna vez cuando visitabamos Amatitlán con mi familia en la década de 1980, verde y contaminado al igual que el lago, pero aún con esperanzas de salir de tan triste condición. Veintipico años después fui convidado a visitar la cuenca baja del afluente en un recorrido por los vestigios de Patrimonio Industrial de la antigua hidroeléctrica de Palín, donde se observaba una más de las escenas del filme apocalíptico que responde al título de "Lo que Agatha se llevó".
En la compañia de Juancho (quien dirige la invetigación) y Rubén (quien asesora el proceso), efectuamos un recorrido por las instalaciones de las bodegas de la hidroeléctrica y bajamos por la escalinata paralela a las tuberías de presión que alimentaban la Casa de Máquinas a imediaciones del embalse (estructura de la que sólo quedó el recuerdo). La pestilencia de las aguas del Michatoya era insoportable, apenas aguantamos lo suficiente para observar los restos de los muros de contención para empresado del agua y de la tubería de hierro, único efecto en pie tras el paso de la tormenta.
En esta situación es trágico observar como la naturaleza tiende a destruir los avances de la industrialización, pero más deprimente es dar cuenta de los desastres que causa la gente, pues el caudal de citado afluente es caso perdido y, de seguro, sus aguas llenas de vertido fabriles, coprolitos y fosfatos, alimentan plantaciones y ganado río abajo, creando un cíclo de vida que, tristemente, encuentra su último eslabón en el consumo humano de alimentos contaminados.
...Así las cosas.
miércoles, 14 de abril de 2010
Bendita agua
En este país lleno de incertidumbres ocurre que siempre, o casi siempre, nos callamos ante las atrocidades que los grupos que ejercen el poder cometen en detrimento del resto de la población y de la soberanía territorial. De tal cuenta, en la penumbra de negocios turbios, existe la posibilidad de renovación del contrato de explotación petrolera en Laguna del Tigre, una de las áreas de mayor caudal dulce subterráneo en la zona mesoamericana. Anteponiendo intereses individuales, la opinión pública se manipula desde las citadas cúpulas, intentando que creamos que la zona está deterirorada en su totalidad y que no vale la pena conservarla, siendo esta una patraña de las más vulgares ya que, aún con los daños que la explotación indiscriminada de recursos ha causado a esta área protegida, el ecosistema sigue vivo y, a Dios gracias, puede recuperarse si lo dejamos descansar, porque la selva es noble. Este es quizá el caso más extremo dentro de una total anarquía nacional en pro del abuso de la naturaleza.

De experiencia personal he visto los ríos y lagos más imponentes del país deteriorados por actividades industriales y por crecimiento urbano, habiendo casos que llegan al límite de la ironía, como el de Santiago Atitlán, donde la población consume agua contaminada (y para colmo, sin potabilizar) que se extrae de un lago que está condenado a muerte por la misma actividad de la gente, que igual tiene los días contados mientras siga vertiendo sus desechos y fertilizando el café con químicos en el pobrecito cuerpo lacustre sololateco. Y así puedo seguir con ejemplos que van desde el lavado de ropa y el empleo de fertilizantes tóxicos en cuencas altas de San Lucas Tolimán, hasta el despilfarro de agua en las cañeras y bananeras de la costa, amparado en falsas políticas de seguridad social, sin que la cosa presente alguna solución viable.

Existen no obstante, acá en Guatemala y en el resto del mundo, iniciativas que buscan resaltar la importancia de preservar los caudales y la calidad del agua, sin entrar en la ecoisteria, tratando de llevar a la población un mensaje preventivo. De tal cuenta, con paso discreto, surge un movimiento de listones verdes en rechazo a la destrucción sistemática del Parque Nacional Laguna del Tigre y del resto del entorno natural de este, aún verde, país, movimiento que apoyo y comparto con ustedes.

Así, en resumidas cuentas, este es un intento de darle voz al agua...
De experiencia personal he visto los ríos y lagos más imponentes del país deteriorados por actividades industriales y por crecimiento urbano, habiendo casos que llegan al límite de la ironía, como el de Santiago Atitlán, donde la población consume agua contaminada (y para colmo, sin potabilizar) que se extrae de un lago que está condenado a muerte por la misma actividad de la gente, que igual tiene los días contados mientras siga vertiendo sus desechos y fertilizando el café con químicos en el pobrecito cuerpo lacustre sololateco. Y así puedo seguir con ejemplos que van desde el lavado de ropa y el empleo de fertilizantes tóxicos en cuencas altas de San Lucas Tolimán, hasta el despilfarro de agua en las cañeras y bananeras de la costa, amparado en falsas políticas de seguridad social, sin que la cosa presente alguna solución viable.
Existen no obstante, acá en Guatemala y en el resto del mundo, iniciativas que buscan resaltar la importancia de preservar los caudales y la calidad del agua, sin entrar en la ecoisteria, tratando de llevar a la población un mensaje preventivo. De tal cuenta, con paso discreto, surge un movimiento de listones verdes en rechazo a la destrucción sistemática del Parque Nacional Laguna del Tigre y del resto del entorno natural de este, aún verde, país, movimiento que apoyo y comparto con ustedes.
Así, en resumidas cuentas, este es un intento de darle voz al agua...
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