lunes, 9 de abril de 2012

Mar (de playa y frontera parte 2)

Este es el mar. Ese lugar salvaje y furioso, cálido hasta decir no más en estas latitudes y, para estos días, lleno por un mar de gente que se cuenta infinito cual granos de arena en estas playas de origen ígneo. 
Las costas de San Marcos, lugar de contrastes que terminaron por dejarme fascinado de un viaje que ni por broma hubiese planeado hacer en plena Semana Mayor. Así fue que, luego de recorrer tres horas de camino desde mi pequeña ciudad, encontré estos contrastes durante los espacios que me dejó el trabajo de fotografía realizado para cubrir el torneo de Voley que mi prima Gabriela organizó en conjunto con su amiga Lucrecia (la mamá de los poyitos.. jeje) y de la Licenciada Navarijo, alcaldeza plenipotenciaria de la mar del suroeste. 

Playas donde camina la soledad entre el mar de gente. Miles de personas procedentes de las Tierras Altas de San Marcos y Quetzaltenango que viene por distracción o por negocio y que encuentran en el mar ese calor tan fastidioso que irónicamente refresca los espacios cotidianos... Imagino que las olas se llevan la tristeza mar adentro y creo que la imagen de abajo me presta sus argumentos para decir cómo me siento cuando veo la costa: basto mundo de arena que, muchas veces, me sienta grande.

Y termino los días resguardado en los atardeceres, tirado boca arriba para contemplar las nubes esas que en casa puedo tocar (literalmente), que acá están tan lejos... tan altas.

Granizadas (de playa y frontera parte 1)

Nos encontramos en la playa de Ocós, cerca de las instalaciones del restaurante municipal, uno de esos atractivos perdidos a plena vista, Abel es quien prepara las Granizadas.

Migrante, igual que la mayoría de nosotros los que habitamos estas tierras, regresó a Guate después de viajar por todo el hemisferio norte y trabajar en Alaska y México, de donde cruzó para reencontrarse con una tierra de la cual no tenía memoria. Con la idea de comenzar en este nuevo lugar (como la mayoría por acá), se instaló para el feriado de la Semana Santa con su carreta de granizadas de limón, nance y tamarindo  y fue así, en las compras del citado producto que comenzó la conversación que se prolongó por dos días dado su conocimiento de los caminos que yo añoro y mis sapiencias de este país que él ve con tan buenos ojos. 
Parece ser que así, entre granizadas, es que nacen las amistades. 


martes, 11 de octubre de 2011

Octubre en el pueblo del Quiché

A partir de esta entrada, en el güipil diacrónico de la memoria estaré dejando algunos recorridos de fotografía con fines documentales, allende la narrativa acompañada de imágenes que ha sido empleada hasta la fecha. Este primer esbozo corresponde al viaje, efectuado con los estudiantes de arqueología y antropología de la Escuela de Historia, a principios de octubre de 2011.

Las primeras tres imágenes corresponden al templo de Santo Domingo en Sacapulas: campanario, campana y atrio. 







a partir de la cuarta foto, un recorrido entre los edificios y el bosque de pinos cincuentenarios de Q'umarkaaj: Plaza Mayor del sitio, patio para Juego de Pelota y una serie de hongos, líquenes y flor.






En el pueblo del Quiché, octubre de 2011.

Arqueología, cordilleras y río crecido

La cámara la dejé en el autobús durante la primera etapa del viaje para evitar daños por la lluvia, así que las fotos de Chu'Taxtyoox, cubierto por una vegetación espesa, quedaron pendientes. El recorrido por Sacapulas a medio día con los arqueólogos y antropólogos de la Escuela de Historia fue acompañado de una llovizna que refrescó el ambiente y de una tertulia en el camino que terminó provocando que extraviara el sendero, entrando entonces a la Acrópolis por las estructuras superiores, específicamente por la cara posterior del templo mayor. Ya en el sitio observamos las edificaciones, los altares para la celebración de costumbre y los efectos positivos y negativos que ha traído consigo la actividad de los arqueólogos en la zona.

Chu'Taxtyoox se mantiene al resguardo, tanto por la vegetación como por una comunidad que se preocupa por la salvaguarda de sus recursos, enfatizando en su negativa hacia la actividad minera y de generación hidroeléctrica que, en esta parte del recorrido del imponente Chixoy, habría de convertirse en una trampa mortal par los pobladores del "puerto cálido del altiplano". Las estructuras conservan parte de sus estucos, las áreas excavadas por los arqueólogos son invisibles entre la maleza, los muros de la Acrópolis, de las terrazas y del patio para juego de pelota, aparecen ante la vista hasta que ya están a menos de medio metro de distancia y la gente de Chicoxoy y Xe'Tz'ajel, siempre pregunta por nuestros motivos de visitar "la ruina". La ciudad prehispánica aguarda, sin ninguna premura, por revelar sus maravillas al mundo.


A eso de las cuatro de la tarde, tras descender de las estructuras prehispánicas, la comitiva se reunió al pie del puente antiguo (ahora puente bailey) para el almuerzo y luego se dirigió hacia la iglesia de Santo Domingo, obra del siglo XVII que también sufrió la embestida de los "restauradores", que la tapizaron de cemento y cal en la fachada y le dejaron una cuantiad de filtraciones de humedad que no tenía previo a tal maltrato.

Al término de la visita, Ángel, un compañero de los primeros años de la universidad, quien nació, reside y trabaja en Sacapulas nos acompañó al campanario donde se conservan tres obras de arte metalúrgico de la Época Hispánica, conservadas en excelentes condiciones y que aún llaman con su tañido par que la gente del Tujaal se levante.
 

En el cerro de las cañas podridas

Una visita más a la Cordillera Central de Guatemala. De nuevo realizamos con Yvonne y ahora (después de tanto y tanto) con Marlen  un recorrido, con fines educativos, a los sitios arqueológicos Chu'Taxtyoox (Sacapulas) y Q'umarkaaj (Santa Cruz del Quiché) en compañía del grupo de estudiantes de Arqueología de Tierras Altas y Textos Indígenas de la Escuela de Historia.

Esta vez, parte de los objetivos del segundo día de trabajo era conocer los trabajos de restauración del patio para juego de pelota de Q'umarkaaj y la remodelación de la sala de sitio, situación que dejó en claro que, en todo oficio, aplica aquel adagio popular de "zapatero a tus zapatos". Prácticamente, las estructuras que conforman el juego de pelota fueron reconstruidas, aplicando cantidades innecesarias de concreto rebajado con tierra y empleando métodos poco adecuados para un sitio arqueológico que se conserva, aún con la humedad y el flujo de visitantes, en buenas condiciones. Esta "obra de infraestructura recreada en la plaza mayor del asentamiento prehispánico pone en evidencia la engorrosa situación de compadrazgo y malos manejos administrativos por parte de las autoridades estatales del Patrimonio Cultural, quienes, en vez de contratar arqueólogos conocedores del área y que han trabajado recientemente en el departamento de Quiché, llevaron a un grupo de investigadores especializados en arqueología de Tierras Bajas (y no es adecuado confundir el cebo con la manteca) ha un área de la cual tenían escaso conocimiento. Los trabajos de reconstrucción de estas estructuras, de acá en adelante, servirán para seguir confundiendo a los ya mal informados visitantes de la otrora ciudad principal del K'iche' Winak.


De la sala de exposiciones (que museo no es) remodelada en su totalidad, sobresale el espacio dedicado a la maqueta de sitio con sus reconstrucciones hipotéticas digitales (impresas en vinil de baja resolución), único espacio que contempla aspectos relativos al sitio arqueológico y que trasciende ante el resto de la exposición que más es una oda al plagio de documentos (pues no hay una sola cita textual en toda la sala) y que, encima, presenta resultados que han sido aplicados a la arqueología Maya de las Tierras Bajas y no al contexto de Q'umarkaaj.


Rescatable en esta incursión a la antigua metrópoli k'iche', el bues estado de los senderos y la presencia notoria de los pobladores locales que participan de la celebración de costumbre y de la sana recreación de fin de semana, así también, la convivencia entre investigadores, estudiantes y amigos que, de alguna manera, seguimos formándonos para no repetir los desastres que, a la fecha, siguen repitiéndose.

domingo, 10 de julio de 2011

No tenemos lugar


Es sábado 9 de julio. Resulta que a primera hora en la Ruta Interamerica, en el segmento de la misma que se adentra en esta ciudad en el sector entre la Roosevelt, Pamplona y Liberación, la vida del maestro Facundo Cabral fue cortada de tajo y los noticieros mantienen el reporte constante… Pasadas tres horas del hecho, fuentes oficiales plantean el escenario hipotético de un intento de robo o de un crimen para desestabilizar al país (como que si esta pseudo república no se tambaleara a diario), información que trasciende a los medios globales. Posteriormente se informa que el ataque hiba dirigido contra la otra persona que viajaba en el vehículo, en un ajuste de cuentas que, para variar, dejó daños colaterales.
La mañana está nublada en todo sentido, la inmensidad celeste asoma apenas entre las nubes y la vida del maestro Cabral también enluta el cielo que romperá en llanto con el transcurso de la tarde y así, quedará lavada toda evidencia de esta vil escena en donde una vida ejemplar termina,  como muchas, de manera trágica en esta ciudad.
La doctora Rigoberta Menchú externa su pesar en los medios. Era su amigo, su “compañero de viaje”, dice. Y en ese viaje al que ella alude nos hemos encontrado muchos, en ese “no  soy de aquí ni soy de allá” que ella cita para referir que, quienes hemos nacido en América Latina no pertenecemos a este planeta, no tenemos lugar. Y esta vida que se apaga, irónicamente, trae a la luz la obligación de continuar el viaje, ese que nos lleva a descubrirnos, a encontrarnos.
Se despidió el maestro Cabral en los teatros de mi país y nuestra paga ha sido ingrata, injusta…
A los que son y han sido mis compañeros de viaje, de música, de letras y a la doctora Menchú, expreso mi pesar, por esta tristeza que hoy es compartida.

miércoles, 6 de julio de 2011

Argonauta que observa… decadencia, música y belleza panorámica


(…o, crónica prolongada del retorno al güipil de la memoria.)

La idea era llegar a Xela aún con luz de día. Hacía tiempo que salir por la Interamericana conduciendo mi motocicleta era una actividad olvidada y después de las reparaciones mecánicas que tenían tiempo esperando, la salida se concretó, pero el camino se vio recortado por la niebla y el agua.
La cambiante altitud en las rutas asfaltadas de Guatemala me puso un muro blanco frente a la nariz: con una visibilidad quizá del 30% avancé por las curvas cerradas que hay entre Tecpán y Chupol a razón de unos 30Km por hora, el paisaje era blanco, y cuando la niebla cedía, únicamente se veían los cortes de terreno en las paredes de los cerros y el pavimento oscuro por efecto del agua que no cesaba en su intento por cubrirlo todo. Al descender de Chupol hacia Los Encuentros la dispersión de partículas del agua pasó de la densa niebla a la llovizna pertinaz que me obligó a tomar el desvío hacia Sololá para buscar cobijo, abortando el plan de viajar hasta Quetzaltenango.

De Tecpán a Sololá y de Sololá a Panajachel se experimenta un descenso de aproximadamente 800 metros, equivalente a pasar del frío ecosistema de pino-ciprés al mundo templado de los encinos de la margen norte del Lago de Atitlán o, en otra analogía, de las partículas de agua condensadas en las nubes de los Altos Chimaltecos a los torrenciales aguaceros de la cuenca atitlaneca, lo que andando en moto significaba pasar de la escasa visibilidad blanca a la total oscurana mesclada con el reflejo deslumbrante de los carros en la vía contraria que reflejaban sus luces en las gotas congeladas en el visor del casco, siendo así que la bajada a Pana resultó en toda una aventura.

Una vez pasada aquella peripecia, habiéndome enterado ya de la derrota de la sele contra México (nada de extrañar) y habiendo amainado el aguacero, tras un par de años de ausencia, las calles de la villa de San Francisco Panajachel comenzaron a revelarse de nuevo y a presentar su nueva cara…

Decadencia. Tras el Agatha y el colapso de la ruta entre San Jorge y Pana, el turismo quedó mermado a tal punto que los gringos que aún se ven paseando por la localidad son residentes y no viajeros temporales, con la excepción de algunos viajeros que parecieran en misión de iglesias para cristianizar a los infieles que viven en el nuevo mundo. Muchos bares cerrados, apenas uno o dos lugares donde beber un café y, en la Santander, una invasión de mototaxis, tránsito de narcopickups y un montón de capitalinos (de la más rastrera sepa) espantando a locales y foráneos. Y al final de todo, muerte al arte y olvido seguro de la pintoresca calle que alguna vez fue peatonal y que ahora es un perfecto desastre.

Música. Hablando de gringos residentes, saqué de positivo a esta visita por la calle de Los Árboles, la Santander y la calle de salida, la oportunidad de incluirme como observador de un peculiar evento: un concierto con música Country y rock anglosajón de los 60s y 70s que, por primera vez sonó en vivo en mis oídos como yo imaginaba que debía ser, serio pero alegre, ceremonial, fino y estridente (e interpretado por gringos). Acompañado de papas fritas con pimienta, creo que la música nortemaericana tiene un punto donde vivirse en estas latitudes… (No obstante, en el local a lo sumo habíamos siete personas).

Belleza panorámica.  Mañana de domingo, retomando el camino hacia Quetzaltenango, por vez primera me detengo a fotografiar La Catarata y el paisaje lacustre bonito, que en ese momento se acompañaba de la adrenalina de poder quedar aplastado por una camioneta mientras tomaba la fotografía o de quedar bajo las rocas en esta zona de deslaves. El lago, las nubes (que la tarde anterior arruinaban mis planes) y los colosos ígneos siguen haciendo de éste, el lago más bello del mundo conocido… (y cinco días después, la carretera, en el punto de La Catarata, colapsó de nuevo).