Si me hubiesen dicho de pasear por los municipios que rodean a Tapachula, creo que no hubiese ido con mucha emoción, pero la aventura de terminar por casualidad en un poblado pequeño del Soconusco Chiapaneco, ha sido el arranque perfecto para un viaje sorprendente que fui planificando, literalmente, sobre la marcha.
Quesadillas de champiñón y primeras impresiones: Huixtla es, básicamente, una estación de tren con pueblo. Un paisaje que, no fuera por el asfalto, serviría para filmar una western sin mayor problema. La idea original era llegar hasta San Cristóbal, así se lo informé a Flori, pero era ya tarde y por la carretera que corre del Soconusco a Los Altos no se encuentra bus (camión) que le lleve a uno en horarios nocturnos, así que, de Tapachula salí para Huixtla, pregunté por el siguiente camión para Motozintla y por las posibilidades de llegar, al menos, hasta Comitán, pero las respuestas fueron desalentadoras... era tiempo de improvisar.
Se definió como siguiente estación la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, desestimando la posibilidad de llegar a Sancris aquella noche. Con un presupuesto ajustado, decidí entonces comprar boleto para la media noche y dormir en el bus... Pagado el importe, tomé la cámara y me fui a recorrer las arterias más concurridas de este sureño pueblo.
Calles con banquetas amplias, casitas del siglo XIX mezcladas con otras más modernas y los rieles del viejo tren atravesando la calle principal, copados por vagones en abandono y con automotores aparcados sobre las mismas. Esta era la primera escena y luego apareció la casa vieja de la antigua estación. La reminiscencia de la línea (zona 4 de Guate) hizo que guardara distancia y que decidiera no acercarme. Luego fui al parque, a la calle de la iglesia, que es la misma de la empacadora de café y luego, a buscar una taza del previamente citado grano antes de volver a la estación a esperar la salida del bus.
La estancia breve fue muy grata: vi un pueblo con muchas casas en venta, anduve unos pasos sobre las vías del tren que algunas añoranzas traen y disfruté del calor insolente de la frontera sur.... quizá, solo quizá, algún día no planificado, el camino me lleve de vuelta.
This work is licensed under a Creative Commons Attribution-Noncommercial-No Derivative Works 3.0 Unported License.
lunes, 11 de julio de 2016
sábado, 12 de diciembre de 2015
Montaña
![]() |
| Cumbre del cerro Ixtájel, con Coqui y Marlon. 5/7/2015 |
El llamado llegó de niño, cuando subíamos "la montañita" con los amigos de la colonia (la montañita era un promontorio de ripio generado por el movimiento de tierras de cuando hicieron la colonia Santa Rita II, cosa que entiendo ahora de grande). Luego fue Lauren el que nos arrastró a Raúl y a mí hacia las faldas del volcán de Agua, ascenso de asalto, repetido tres veces más en los años siguientes con otros amigos de la misma colonia, luego el Pacaya, luego el Acatenango (inconcluso aún) y luego todos los demás... Y la cumbre siempre es motivo de alegría.
![]() |
| Al fondo aparecen os volcanes de Santa María, Chikabal y Lacandón. Desde las antenas del Ixtájel 5/7/2015 |
Cada 5 de agosto, desde que llegué a estas alturas, más de algún chiflado se suma a mi causa y celebramos el día del montañista con un ascenso rápido (al ascenso de este año corresponden las fotos que acompañan esta publicación). Para gusto personal, el cerro Ixtájel es la mejor opción: el paisaje, el nivel de dificultad, la totalidad de las fuerzas de la naturaleza y el anhelo de ver hacia las dos cumbres más altas de América Central, si el cielo se despeja, provocan el deseo de caminar en franco ascenso.
Cualquiera que sea la voz de la montaña, todos los llamados subimos para vivir...
Chuchos
![]() |
| Los perros guardianes. Escena del Baile del Venado, San Antonio Sacatepéquez, San Marcos. |
El tigre se se ha robado la merienda del abuelo. Todos los danzantes ven la escena aterrados. Venados y Sajales lucen atónitos, nadie reacciona, hasta que los chuchos...
Dos perritos de rostro negro salen a la caza del jaguar, con sonajas y dientes contienen la amenaza, presentan batalla al gran felino de las selvas que se ha metido con la comida del abuelo, del amo. Danza encarnizada de poder contra voluntad... sabemos que el felino lleva las de ganar, pero esta vez los canes, persistentes guardianes, recuperarán la comida y la danza de las fuerzas del universo quedará saciada con esta ofrenda de alimento hasta la próxima función.
Esta escena del Baile del Venado, versión del pueblo de San Antonio Sacatepéquez, en el departamento de San Marcos, la pasé desapercibido la primera vez que presencié el evento en enero y fue hasta el mes de noviembre cuando tuve la oportunidad de apreciarla, quedando admirado por esa representación magistral de la voluntad, el trabajo en equipo y la lucha de poderes que plasmaron los antiguos y que, a la fecha, sigue siendo un deleite artístico además de una lección de coraje y valentía, de ritmo, de equilibrio.
Moraleja de la historia: Habrá que ser tenaz y valiente, como los chuchos, que siempre arriesgan su vida por el amo, y luchar para salir victorioso, inclusive cuando la amenaza tenga todas las de ganar.
... de vuelta en este tejido diacrónico de mi memoria.
martes, 3 de marzo de 2015
El mes pasado.
El funesto febrero... ciertos acontecimientos de la vida pueden volver amarga cualquier época del año. Ciertas vivencias jamás se superan.
Pero, en eso, abrís el ordenador porque tu hermana te pidió unas fotos del lago de Atitlán, ponés el cursor pasando sobre una foto y la fecha que aparece es 7 de febrero, el día aquel... y caés en cuenta que, 4 años después la vida siguió su curso y te regaló uno de los fines de semana más interesantes de tu vida: un recorrido por las costas lacustres de Tzanchaj y Chacayá, en las tierras de Santiago Atitlán, unos días de compartir con la familia de allá, con el compadre y hermano Javier, con su hija, otrora una bebé de meses, con la tranquilidad del lago, con las evidencias prehispánicas, la maquinaria de café y el errático tránsito de moto taxis del centro del pueblo...
Estuve, en el lapso de 48 horas, en una decena de lugares con paisaje diverso, en una situación agradable, andando con mi camarita Sony H10 que moriría a los pocos meses al sumergirse en el lago de Amatitlán (el hermanito shuco de este otro que tampoco es un dejo de limpieza)... mi ahijada, a la que he visto tan poco y le debo presentes acumulados por 5 años... mis caminos de piedra volcánica, piedrín que deshace zapatos, mi casa de Tzanchaj.
Cuando el tiempo se descubre entre los archivos viejos deja de parecer tan malo aquello que alguna vez fue incómodo (los moto taxis, el hedor a pollo frito...) y caés en la cuenta que febrero, después de todo, tiene balance y que sus poquitos días permiten que ocurran aventuras que no pasan en todo el resto del año.
lunes, 26 de enero de 2015
Camioncitos disfrazados
Hacia el occidente estos armatostes avanzan con una lentitud
bárbara, llevan los espacios entre butacas reducidos y los de piernas largas sufrimos las
consecuencias de tal desfachatez que gana apenas seis espacios para gente
sentada-aperchada que, de no ir sobre el cojín, irían igual apuñuscados en el
pasillo de estos camioncitos disfrazados como autobuses de colores.
Fuera de todo, las camionetas de parrilla en esta latitud
aún se mantienen libres del acoso de la violencia. Si lleva uno tiempo aún es
una diversión y un poco una aventura. El año pasado, por ejemplo estuve viajando
a Comitancillo (localidad para la cual no hay microbuses) y conocí rutas nuevas
que lo llevan a uno a través de la pradera subalpina marquense. Barrancos
extremos, caminos de terracería conquistados por esta lata con ruedas. Acá voy,
adentro. De retorno vengo cargando con unas ollas que compré en el mercado
local y conseguir que llegaran intactas adentro de un chunche de estos es toda
una tarea de titanes.
Acá voy, adentro… algunos en el bus de adelante, viajan
libres al viento en estos cacastes con parrilla.
viernes, 21 de noviembre de 2014
Papeles viejos.
Es un cuarto pequeño con una estantería de metal corrida a
lo largo de toda la pared del fondo. El recinto fue seleccionado porque tiene
buena circulación de aire y también porque está donde a nadie estorba y donde
solo a don Huguito le importa… y ahora también a mí.
Los papeles más viejos datan del siglo XVII, hay intercambio
de correspondencia del Supremo Gobierno, la Alcaldía y la Comandancia de Armas;
hay inventarios y un sinfín de nombres de vecinos que han sido, o que fueron,
el engranaje de la Ciudad Cabecera, del pueblo barreño. Historia entre papeles
viejos.
Orientado por el Hugo Del Valle, albacea del pasado
marquense y, por ende, del Archivo Histórico Municipal de San Marcos, busco
documentos que me narren pasajes de la vida de un presidente y de la familia
que dejó atrás cuando se enlistó en el Ejército Reformista. Cada folio, por
mínimo dato, le apunta un éxito al proyecto de Lorena, mi amiga historiadora
que, en el buen sentido, anda removiendo el avispero del ya no tan próximo
pasado.
Aparece doña Celia, don Joaquín, los generales López y Soto,
María y Manuel. Hago registro fotográfico de los datos útiles contenidos en
cada legajo y, de ganancia, también encuentro a mamá Cacimira, viuda y criando
aún a papá Ignacio y tío Mariano que llevan once ausencias a la escuela en un
mes no definido de 1874; a papá Santos que le nombran síndico y que luego lo
consignan para emprender el viaje a la Capital para integrarse a las fuerzas
que sirven al General Barrios sin que pueda entonces ejercer su cargo; y ya
para el siglo XX, a papá Gilberto me lo presentan haciéndose cargo de la
Tesorería Municipal y, en el enredo, otra vez Manuel, los veteranos del 71, los
revolucionarios del 97…
Al fin de cuentas, papeles viejos.
miércoles, 6 de marzo de 2013
Andar breve... (I)
Dos semanas entre el ir y venir:
Un asalto al autobús, una exposión de piezas en mi inminente regreso al pasado prehispánico (de ahí el por qué de la tortuga que está abajo); un reencuentro con William y José en la universidad, con Wilmar en San Marcos. Un amor que comienza, carretera que nunca termina, un balneario en la bocacosta que no conocía, otro más entre las montañas al que no iba hacía cuatro años, mi ciudad natal, mi ciudad de abasto y mi pequeña ciudad...y más asfalto por andar.
Para mientras muchos hablan del fallecido y otros (los de siempre) aprovechan las circunstancias para hacer desmadres o no hacer nada y así, entre el pan y el circo, la cosa no camina (reflexión infructuosa que viene con la pausa del camino).
Y yo mañana retorno a las carreteras, que son mi esencia, que me dan y quitan (como la vida), que me llevan de vuelta a casa y que me sacarán, pronto, para enfilar hacia cualquier destino.
Un asalto al autobús, una exposión de piezas en mi inminente regreso al pasado prehispánico (de ahí el por qué de la tortuga que está abajo); un reencuentro con William y José en la universidad, con Wilmar en San Marcos. Un amor que comienza, carretera que nunca termina, un balneario en la bocacosta que no conocía, otro más entre las montañas al que no iba hacía cuatro años, mi ciudad natal, mi ciudad de abasto y mi pequeña ciudad...y más asfalto por andar.
Para mientras muchos hablan del fallecido y otros (los de siempre) aprovechan las circunstancias para hacer desmadres o no hacer nada y así, entre el pan y el circo, la cosa no camina (reflexión infructuosa que viene con la pausa del camino).
Y yo mañana retorno a las carreteras, que son mi esencia, que me dan y quitan (como la vida), que me llevan de vuelta a casa y que me sacarán, pronto, para enfilar hacia cualquier destino.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)












