Un lugar bastante remoto, inclusive estando allí, cerquita de la Antigua Guatemala: así es como puedo referirme de San Miguel Escobar, aldea que visitamos el fin de semana con Edgar, Fernando, Fili y compañía. Por vez primera tenían mis pies el gusto de tocar el suelo de este poblado, aunque la situación no fuese la idónea, pues ha sido el daño causado por la tormenta Agatha la razón para acercarnos a esta comunidad que, entre todo el desastre, ha presenciado la buena fe demostrada por los vecinos que viven en las áreas urbanas circundantes y de aquellos del área rural que, aún estando en condiciones similares, han llevado su pala y su hazadón para despejar las calles que dan muestra de la altura alcanzada por el lodo que ha descendido por las faldas del Junajpú.
Las imágenes que acompañan este recuadro de la memoria dan cuenta de la calamidad y de la belleza implícita en el trabajo de hormiga que realizan los guatemaltecos para volver a tenerse en pie.
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domingo, 6 de junio de 2010
jueves, 27 de mayo de 2010
Madre Vieja
El viaje de hoy se convirtió en un paseo exigente. En principio, la caminata en el sendero que llaman “de San Andrés” resultaba un total sinsentido puesto que, en aquel guamil, únicamente se percibía el verdor de la maleza y un caminito de eso que llevan a ninguna parte. Hora y media después accedimos al beneficio de café y nuestro guía ofreció mostrarnos una cascada que, al paso de veinte minutos apareció ante nuestros ojos y fue ahí donde el recorrido tornó en algo emocionante y sublime.
Agua clara descendiendo con suavidad por una peña imponente, riachuelos que luego desaparecen, se los traga la tierra, para luego salir regurgitados metros abajo y así, llegar sin premura al Madre Vieja, cumpliendo por mi parte con uno de los pendientes dejados a finales del año anterior.
Al sentir la corriente y luego contemplar la fuerza del río golpeando las rocas llega a envolverme de nuevo en el respeto que le guardo a la naturaleza, en este viaje que tuve a bien compartirlo con Wilson Santizo, mi aliado en los caminos luqueños y con los amigos guías que llevaron nuestro andar seguro entre maleza, agua y rocas.
miércoles, 26 de mayo de 2010
palabras (volumen 1)
De la pluma de Marlon Francisco surje el texto número IX de los "Poemas de Flor de Juventud". Sin mayores calificativos, estas palabras han despertado el recuerdo de las tardes poéticas en las Cien Puertas del primer lustro de este siglo, tardes que, sin otra intención que contarnos, entre amigos, aquello que nuestra pluma desvstía de nuestra inventiva, hicieron de los años en esta caótica ciudad un martirio razonable, un deleite de música y palabras.
IXFoto: Cementerio General de San Lucas Tolimán, G.Chocano 2010.
No eres culpable de mis miedos
han sido jornadas continuas
de coleccionar espejos rotos
de buscarme un hogar en las alturas
de confeccionarme
una armadura tan sutil
que es hoy el escaparate
que te previene de alcanzarme
todos los nombres
que guardo bajo mi sombra
han sido víctimas
de una fiera incansable y caprichosa
hoy te acecha con sigilo
bajo mis párpados
esperando el menor indicio
la más ínfima debilidad
para devorarte
y elevarte a los altares de mi desidia
No importa si das o no la talla
mi vida funciona
a base de inmolar héroes
y permanecer sola llorando su recuerdo
Marlon Francisco, 2010
miércoles, 14 de abril de 2010
Bendita agua
En este país lleno de incertidumbres ocurre que siempre, o casi siempre, nos callamos ante las atrocidades que los grupos que ejercen el poder cometen en detrimento del resto de la población y de la soberanía territorial. De tal cuenta, en la penumbra de negocios turbios, existe la posibilidad de renovación del contrato de explotación petrolera en Laguna del Tigre, una de las áreas de mayor caudal dulce subterráneo en la zona mesoamericana. Anteponiendo intereses individuales, la opinión pública se manipula desde las citadas cúpulas, intentando que creamos que la zona está deterirorada en su totalidad y que no vale la pena conservarla, siendo esta una patraña de las más vulgares ya que, aún con los daños que la explotación indiscriminada de recursos ha causado a esta área protegida, el ecosistema sigue vivo y, a Dios gracias, puede recuperarse si lo dejamos descansar, porque la selva es noble. Este es quizá el caso más extremo dentro de una total anarquía nacional en pro del abuso de la naturaleza.

De experiencia personal he visto los ríos y lagos más imponentes del país deteriorados por actividades industriales y por crecimiento urbano, habiendo casos que llegan al límite de la ironía, como el de Santiago Atitlán, donde la población consume agua contaminada (y para colmo, sin potabilizar) que se extrae de un lago que está condenado a muerte por la misma actividad de la gente, que igual tiene los días contados mientras siga vertiendo sus desechos y fertilizando el café con químicos en el pobrecito cuerpo lacustre sololateco. Y así puedo seguir con ejemplos que van desde el lavado de ropa y el empleo de fertilizantes tóxicos en cuencas altas de San Lucas Tolimán, hasta el despilfarro de agua en las cañeras y bananeras de la costa, amparado en falsas políticas de seguridad social, sin que la cosa presente alguna solución viable.

Existen no obstante, acá en Guatemala y en el resto del mundo, iniciativas que buscan resaltar la importancia de preservar los caudales y la calidad del agua, sin entrar en la ecoisteria, tratando de llevar a la población un mensaje preventivo. De tal cuenta, con paso discreto, surge un movimiento de listones verdes en rechazo a la destrucción sistemática del Parque Nacional Laguna del Tigre y del resto del entorno natural de este, aún verde, país, movimiento que apoyo y comparto con ustedes.

Así, en resumidas cuentas, este es un intento de darle voz al agua...
De experiencia personal he visto los ríos y lagos más imponentes del país deteriorados por actividades industriales y por crecimiento urbano, habiendo casos que llegan al límite de la ironía, como el de Santiago Atitlán, donde la población consume agua contaminada (y para colmo, sin potabilizar) que se extrae de un lago que está condenado a muerte por la misma actividad de la gente, que igual tiene los días contados mientras siga vertiendo sus desechos y fertilizando el café con químicos en el pobrecito cuerpo lacustre sololateco. Y así puedo seguir con ejemplos que van desde el lavado de ropa y el empleo de fertilizantes tóxicos en cuencas altas de San Lucas Tolimán, hasta el despilfarro de agua en las cañeras y bananeras de la costa, amparado en falsas políticas de seguridad social, sin que la cosa presente alguna solución viable.
Existen no obstante, acá en Guatemala y en el resto del mundo, iniciativas que buscan resaltar la importancia de preservar los caudales y la calidad del agua, sin entrar en la ecoisteria, tratando de llevar a la población un mensaje preventivo. De tal cuenta, con paso discreto, surge un movimiento de listones verdes en rechazo a la destrucción sistemática del Parque Nacional Laguna del Tigre y del resto del entorno natural de este, aún verde, país, movimiento que apoyo y comparto con ustedes.
Así, en resumidas cuentas, este es un intento de darle voz al agua...
lunes, 5 de abril de 2010
Lugares Dramáticos
De gloria perpetua, la arquitectura de los teatros de las ciudades más grandes de Guatemala representa, a todas luces, la magnitud diacrónica del arte local durante el vigésimo siglo. La estructura del Teatro Municipal de Xela, edificada hace ya 100 años y centavos, constituye un referente obligado del corazón urbano de Occidente donde queda plasmada la idea de convertir a la metrópoli de Los Altos en la muestra más irónica del Renacimiento Desfasado, de idéas progresistas que permitieron el desarrollo de una élite social fuerte, que mantenía la vista puesta en Europa y la pata en la espalda de la fuerza laboral del campo. Monumento ambiguo, de una calidad artística sublime y que, a la fecha, es patrimonio y orgullo de los quetzaltecos y, para quien esto escribe, uno de los espacios más nostálgicos del Altiplano.
Siete décadas después, la creatividad del maestro Efrain Recinos concibe una maraña de líneas que juegan con el paisaje y, desde la Colina del Soldado, a inmediaciones del Fuerte de San José, le dan vida a la magna casa del arte contemporáneo de la capital: El Centro Cultural Miguel Ángel Asturias. Aquí, nuevamente, los contrastes aparecen, esta vez para mezclarse como lo hace el contorno del gran teatro, llevando a escena una obra creada a partir de un antagonismo bélico, creativo y brutal, en este espacio que, a la fecha, igual que su hermano del occidente, permite la convivencia inidscriminada de aquellos bandos que la historia a puesto cara a cara.
jueves, 1 de abril de 2010
En los valles centrales
De los últimos días han surgido cosas interesantes, como ese giro del destino de hacer viajes cortos en la noche del sábado que llevan a perdernos en los callejones empedrados y llenos de bugambilias. Algunas veces el viaje comienza con chalas que rememoran los días de libro y café en el centro, aunque ahora han pasado a la morada de las Libélulas -acá debo hacerle los honores a las hermanas Loukota por haber creado un lugar tan confortable-, que al rato se torna en resguardo literario que permite cortar de tajo el rutinario modo de andar corriendo en la metrópoli.
Luego, las calles antigüeñas y ese bar donde una banda de reggae saca a relucir nuestros dotes de críticos (siempre inconformes), avanzando luego a pie, olvidando lo difícil que sería hacer eso mismo en guate, adonde volvemos con las baterías recargadas.
Las imágenes colgadas corresponden, la primera, a la Libélula -libros y demás menjurjes- y, la segunda, cortesía de Edgar Quisquinay, a un grabado que se encuentra en el frontispicio de las ruinas de una iglesia ubicada justo al lado del bar.
Por acá en los valles centrales anda ahora esta desordenada memoria.
Luego, las calles antigüeñas y ese bar donde una banda de reggae saca a relucir nuestros dotes de críticos (siempre inconformes), avanzando luego a pie, olvidando lo difícil que sería hacer eso mismo en guate, adonde volvemos con las baterías recargadas.
Las imágenes colgadas corresponden, la primera, a la Libélula -libros y demás menjurjes- y, la segunda, cortesía de Edgar Quisquinay, a un grabado que se encuentra en el frontispicio de las ruinas de una iglesia ubicada justo al lado del bar.
Por acá en los valles centrales anda ahora esta desordenada memoria.
Dónde...
Me oculto tierra adentro. Nuevamente las carreteras llegan al agua donde crece el tul, ascendiendo por el tecal, el hule y el café, hasta llegar al pequeño resguardo, al sur de mi triste lago. Allá es a donde voy, a redescubrir el bosque de sombra y caminar junto a los ríos que se presipitan rumbo al mar.
Y luego busco en el plano de la memoria las calles a donde pretendo dirigirme después, a la ciudad que visito durante la noche nostálgica, donde a veces debo llegar para definir nuevamente el universo, donde termina el camino transitado y comienza un paraje sin final.
...y ahora escribo desde el lugar donde todo, siempre, ve el comienzo.
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